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Cincinato, Solón y la Transición

abril 28, 2011

Por: Carlos R. Alvarado Grimán

Los grandes destruyen las ciudades, y la imprudencia del pueblo les precipita en la esclavitud” Solón

Los venezolanos conformamos una sociedad enferma. Los males del pasado se agravaron con la medicina militarista que nos mantiene cercanos a la agonía. El odio social, el resentimiento, la corrupción, la incompetencia y la altísima criminalidad son cicutas que están minando las últimas defensas de nuestro deteriorado tejido económico y social.

La oposición se mantiene empecinada en leer el libro equivocado de la historia, buscando recetas que curen nuestros males, pero sin el conocimiento pleno y exacto de la enfermedad que padecemos y de la manera efectiva como atacarla.

Es una insensatez pretender un cambio político en Venezuela, el paso de un Estado totalitario hacia la democracia, sin que medie un proceso previo de transición que establezca condiciones propicias, que impidan el colapso prematuro del nuevo gobierno que se instaure, luego de la ignominiosa era chavista.

No imaginamos ni creemos posible un gobierno democrático exitoso y pacífico, sin una junta de transición que aplique un severo tratamiento de alto impacto contra la enfermedad venezolana, para que ésta ceda y se pueda dar en campo fértil el inicio de un proceso de recuperación del país.

La Junta de Transición no encontrará un manto de rosas, sino caminos espinosos, llenos de obstáculos y trampas, por lo cual, deberá adoptar duras medidas y tomar decisiones trascendentes que muchos quizá no entenderán, pero que permitirán restituir la sindéresis y la cordura, en la forma de conducir al Estado venezolano.

No podemos perder la perspectiva del país que encontraremos, una vez sucumba Chávez. El Tte. Coronel nos legará un país: con un conjunto de leyes abominables que habrá que derogar, revisar o reestructurar; una economía arruinada, a pesar de los repuntes que pueda experimentar el precio del barril de petróleo; un Estado corrompido profundamente, con mafias criminales de todo pelaje insertos dentro de sus estructuras y; con presiones de grupos paramilitares y criminales que querrán mediante el sabotaje, torcerle el brazo al nuevo gobierno, para intentar reinstalar al Tte. Coronel y sus camarillas en el poder.

La instauración de una junta de transición requerirá la previa y activa participación, no de uno, sino de varios Lucio Quincio Cincinato que emulen a este militar y general romano, para que enfrenten la difícil misión de restablecer el orden y la paz en Venezuela, por cualquier medio necesario, pero que a la vez tengan el desprendimiento personal, como Cincinato en su tiempo, para devolver el poder a la autoridad civil.

Además necesitaremos muchos hombres como el legislador ateniense Solón, elementos sin apetencias personales por el poder, que coadyuven a la producción de leyes y cambios democráticos para que, con remedios y soluciones duras pero inteligentes y justas sanen las enfermedades sociales y políticas de nuestro tiempo. Estos Solón deberán tener las capacidades para la elaboración de Políticas públicas y de Estado que todos los factores democráticos se comprometan a aceptar y respetar, durante el lapso de por lo menos 100 años, independientemente de los gobiernos que sigan al periodo de transición.

Es necesario que nuestros líderes asuman niveles de conciencia con alcances e impactos históricos, apartando sus intereses y apetencias individuales o grupales. Es el tiempo para que pensemos en el país que queremos rescatar y alzar de los actuales escombros. La patria reclama la unión de las mejores y buenas voluntades para que la convirtamos en una nación civilizada y prospera.

Es el momento para impulsar e iniciar un periodo de luz, donde el conocimiento sea una de sus principales virtudes, con hombres de pensamiento y acción positiva que conduzcan la transición: Hombres como Cincinato y Solón.

Santos: La Moral y el Pragmatismo Utilitario

abril 4, 2011
Por: Carlos R. Alvarado Grimán

“Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros” Groucho Marx

 

Cientos de miles de personas han muerto en Colombia en una guerra fratricida, por una ideología que debió quedar sepultada junto con el siglo XX, que algunos grupos seudo-revolucionarios abrazan como una tabla de salvación para justificar el pingüe y lucrativo negocio del narcotráfico.

Walid Makled destapó la olla podrida donde se cuecen las bazofias chavistas y faracas, la cual sirvió para corroborar lo que cualquier ser medianamente informado, sensato y con mínima capacidad de análisis, daba por un hecho sentado: Los estrechos vínculos entre las redes criminales binacionales de Chávez y Alfonso Cano.

La sorpresa ha provenido del Presidente Santos, un protegido del ex presidente Uribe, quien luego de alcanzar la primera magistratura alzando las banderas del uribismo en la lucha contra las narco-guerrillas y el adecentamiento del Estado, asume posturas contrarias, pactando con el capo de los capos del socialismo del siglo XXI y principal auspiciador de grupos terroristas colombianos, que día tras día bañan de sangre sus ciudades y campos.

Desde la captura de Walid Makled en Cúcuta por el DAS colombiano a instancia de la DEA en agosto de 2010, los mensajes y señales que emanan desde la Casa de Nariño giran exclusivamente en torno al tema comercial. El caso Makled ha quedado sintetizado a unas simples operaciones de suma y resta.

La deuda de Venezuela con los comerciantes e industriales colombianos, los pactos arancelarios binacionales, la inclusión de Colombia en el TLC, las nuevas negociaciones para el suministro eléctrico, son los temas que copan la escena. Makled ha quedado como una especie de pieza de arte en una subasta de Sotheby´s, soslayándose completamente los aspectos morales que envuelven el caso.

Es pública la noticia del papel que juegan los militares venezolanos de altísimo rango, antes con Makled y ahora con su (s) sucesor (es), en el trasiego de armas, pertrechos militares y urea para las guerrillas, cuya moneda de curso es la cocaína y que esa estrecha colaboración contribuye decisivamente en la operatividad de las narco-guerrillas que matan, secuestran, mutilan a niños, mujeres y hombres colombianos.

Santos debería ejercitar un profundo acto de contrición, hacer un juicio en el interior de su alma. El utilitarismo sobre la moral tiene un límite, sobre todo cuando está en juego la vida humana, la sanidad de la sociedad, los valores y objetivos supremos del Estado. Por esto creemos que su ambigüedad y falta de principios frente al caso Makled, no le dará réditos en esta ocasión y signará negativamente su futuro político.

La expresión de Santos “Mi nuevo mejor amigo” y su compromiso de extraditar a Makled hacia Venezuela, envuelve un inexplicable comportamiento juvenil y emocional impropio de un estadista, que no debería comprometer en lo absoluto, a la institucionalidad colombiana.

Se dice que los Estados no tienen amigos sino intereses, nosotros creemos que ambos deben marchar lo más juntos posible, que no son términos excluyentes, pero además, siempre deben ser acompañados con valores éticos muy bien cimentados. Los intereses de los Estados no tienen alcances cortoplacistas y quienes así lo interpretaron tuvieron que probar, en el largo plazo sus amargos resultados.

El fin no justifica los medios, una sociedad carente de principios donde prevalezca el pragmatismo utilitario, como el evidenciado en el accionar político de Santos, nos condenará a la barbarie y al total desplome moral de nuestros pueblos.