¡Salvemos a la Patria!

Por: Carlos R. Alvarado Grimán

Hazme reír de la comunidad internacional. Algunos lo comparan con un guacamayo tropical otros con una guacharaca, debido a su afán de llamar la atención y por sus estridentes arengas.

Los líderes latinoamericanos lo tratan como al “tonto de la escuela”, quien debe comprar la amistad de los chicos populares de la región a fuerza de obsequios y de prestarse a payasearías. Los aduladores y vividores arman jolgorios con sus excentricidades, pero las burlas a sus espaldas crecen. Toda esta penosa situación sería hasta cierto punto graciosa sino fuera por el inmenso daño que se le esta inflingiendo al país.

En Venezuela cuando llueve sopa los pobres tienen tenedores. Esta inmensa riqueza que baña al país coincide con uno de los gobiernos más ineficientes y corruptos de nuestra historia. El cuento se repite, cada boom petrolero viene acompañado de su megalómano y de su correspondiente fracaso.

La realidad es que en medio de este teatro absurdo que padece el país, se esconde una gran tragedia. Nuestra soberanía e integridad territorial esta en grave riesgo: Guyana se ha entusiasmado por las incoherencias en nuestra política externa para solicitar que renunciemos a nuestros derechos en el territorio Esequibo; el prestigio nacional esta en tela de juicio, debido a la inexplicable insistencia del gobierno por incursionar en el negocio de la Coca, en violación de la Convención de Viena y las Leyes de la República; y las tensiones regionales se están exacerbando por el irracional empeño del gobierno al introducirnos en una carrera armamentista que no sabemos en que desencadenará.

En lo domestico, en medio de este drama nacional signado por la destrucción del aparato productivo y de las instituciones del Estado, el país disfruta de su versión particular de potlach, especie de ágape colectivo practicado por algunas comunidades amerindias caracterizado por el derroche, las grandes comelonas, la embriaguez y la gozadera que en nuestro caso suponemos durará hasta el agotamiento de la bonanza petrolera.

Las consecuencias para el futuro serán atroces. Parafraseando al megalómano de turno diríamos que el país va de boom petrolero en boom petrolero mientras el pueblo va de barranco en barranco. Pero aún no es demasiado tarde para rectificar. Todos debemos asumir nuestras responsabilidades ¡Salvemos a la Patria!

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